A los amantes de la fotografía analógica (entre los que me encuentro) les ha llegado una dura noticia hace tiempo: la Polaroid ha muerto. Bueno, mas o menos. La empresa norteamericana decidió el año pasado (sino me equivoco) que iba a dejar de fabricar el soporte fotográfico para este tipo de máquinas. Aunque doloroso para algunos, es una consecuencia lógica del avance imparable de la fotografía digital que ha torpedeado y hundido casi definitivamente el buque insignia de Polaroid: la fotografía instantánea.
Digo casi, porque un grupo de inconformistas ha decidido continuar el legado de la empresa norteamericana. "El Proyecto Imposible" (o "The imposible Proyect" en inglés) pretende recuperar la producción de cartuchos para las Polaroids. Para ello ha comprado los derechos de producción a la empresa y su maquinaria de producción. Habrá que esperar hasta el año que viene para ver los resultados.
Aunque en principio obsoleta, las cámaras Polaroid han seguido utilizándose por más gente de la que se piensa y para más cosas de las que se creen: los médicos las utilizaban para comprobar el estado de las cicatrices y su progresión. Era tan simple como sacar la foto y almacenarla junto con el historial. En fotografía forense se utilizaba porque daba testimonio directo e instantáneo de lo sucedido y en al ámbito cinematográfico se utilizaba para controlar las sombras y sus movimientos y muchos arqueólogos la utilizaban para comparar restos, etc. Ni que decir tiene el uso que tuvo en fotografía legal
Aunque aparentemente sencillo, personalmente nunca un invento me ha parecido tan fascinante por su propia construcción. Aunque el cuerpo de la Polaroid obedece a los mismo principios a los que se somete es cualquier otra cámara (objetivo, obturador, cortinillas, etc.) el soporte que utiliza guarda realmente el espíritu de la cámara.
El soporte o el "carrete" de una Polaroid constaba de una serie de 10 láminas sintéticas en las que estaba todo lo que se necesitaba para revelar una foto. En la parte inferior estaban los químicos necesarios para el revelado que eran liberados de sus compartimentos gracias a la presión que ejercían los rodillos incorporados en la cámara cuando salía la foto. En la parte superior, o en el recuadro, los químicos liberados actuaban sobre la emulsión fotográfica revelando y positivando la foto. Para que no se velase al salir de la cámara, por el efecto de la luz la "zona de la foto" o la parte en la que se revelaba, estaba cubierta por una cubierta negra que al cabo de un determinado tiempo se hacía transparente, permitiéndonos ver el resultado. Cuando el proceso acababa teníamos la foto que habíamos hecho, una foto única e irrepetible.
Hagamos un poco de historia. La idea de fotografía instantáneas fue posible gracias a Edwin Land, que en 1928 consiguió sintetizar un filtro polarizador. Gracias a esto, en la década de 1930 se consiguió realizar la primera fotografía instantánea y en 1937 se empezó a comercializar. Esto daba un giro al "Usted apriete el botón, nosotros haremos el resto" de Kodak. El lema realmente es de finales del XIX, pero el concepto de "usted saque la foto que nosotros se la revelamos" ha perdurado hasta hoy.
En 1947, Land presentó una cámara capaz de revelar y positivar una imagen en tan sólo un minuto, lo que convirtió a la fotografía instantánea en el buque insignia de la compañía. El avance de las Polaroid fue imparable, desde el Modelo 95 con sus imágenes en tono sepia hasta la Polaroid ONE600 Classic en colores pasando por la SX-70, todo un hito de la fotografía gracias a ser la primera réflex instantánea.
Las cámaras Polaroid marcaron a toda una generación que contemplaba admirado como se podía obtener de forma casi instantánea lo que normalmente tardaba una hora en obtenerse en un laboratorio fotográfico. Muchos fotógrafos de renombre como el paisajista Ansel Adams o el artista Andy Warhol utilizaron y quedaron fascinados con estas cámaras.
Desgraciadamente la fotografía analógica esta en decadencia y las Polaroid, por muy prácticas que puedan llegar a ser, nunca serán tan prácticas como una cámara digital, en la que las preocupaciones por que salga bien la foto no son tantas ya que en caso de que salga mal, podremos comprobarlo en el momento y repetirla, aquí viene lo importante, sin coste alguno.
Negar lo práctico que resulta una cámara digital en comparación con una analógica es una tontería, sin embargo si puedo decir que la satisfacción de sacar bien una foto con una cámara de carrete no la he podido repetir ni de lejos con la digital. El buscar la foto, medir bien, tener un número justo de disparos en la cámara, controlar el anillo del diafragma... en definitiva cocinar la foto, ponerle cariño, hacer que esa foto sea irrepetible en un trozo de papel es lo que hace única a la fotografía analógica
Los que hemos vivido la era analógica de la fotografía, la del carrete de 35 mm y el "Revelado en 1 hora", la del dedo que no debía salir en esa toma, los ojos rojos y el negativo quizá valoremos mejor lo que significa la fotografía instantánea, tanto digital como analógica, y comprendamos mejor el impacto que tuvo en su momento y la necesidad de un invento como fue la Polaroid.
Foto: www.ultimofotograma.com
Fuente: wikipedia.org
2 comentarios:
Es una pena, aunque es normal que estas cosas se queden antiguas. La verdad es que me alegro de tener una (bueno, la mitad :P).
A mí siempre me pareció cosa de magia el que se revelaran en cinco minutos, en los cumpleaños del Telepizza.
Qué tiempos aquellos. Pertenecemos al pasado!
Qué pena!! U_U Me encantan las Polaroid. Tengo una foto sacada con una de ellas y la guardo con mucho cariño, no sólo por los que salen en ella, sino porque el formato siempre me ha gustado^^.
Zanahoria tiene razón, era como magia *o*.
Un fuerte abrazo ^3^
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